El embargo
Señol jues, pasi usté más alanti
y que entrin tos esos.
No le dé a usté ansia
no le dé a usté mieo...
Si venís antiayel a afligila
sos tumbo a la puerta. ¡Pero ya s'ha muerto!
Embargal, embargal los avíos,
que aquí no hay dinero:
lo he gastao en comías pa ella
y en boticas que no le sirvieron;
y eso que me quea,
porque no me dio tiempo a vendello,
ya me está sobrando,
ya me está jediendo.
Embargal esi sacho de pico,
y esas jocis clavás en el techo,
y esa segureja
y ese cacho e liendro...
¡Jerramientas, que no quedi una!
¿Ya pa qué las quiero?
Si tuviá que ganalo pa ella,
¡cualisquiá me quitaba a mí eso!
Pero ya no quio vel esi sacho,
ni esas jocis clavás en el techo,
ni esa segureja
ni ese cacho e liendro...
¡Pero a vel, señol jues: cuidaíto
si alguno de esos
es osao de tocali a esa cama
ondi ella s'ha muerto:
la camita ondi yo la he querío
cuando dambos estábamos güenos;
la camita ondi yo la he cuidiau,
la camita ondi estuvo su cuerpo
cuatro mesis vivo
y una noche muerto!...
Señol jues: que nenguno sea osao
de tocali a esa cama ni un pelo,
porque aquí lo jinco
delanti usté mesmo.
Lleváisoslo todu,
todu, menus eso,
que esas mantas tienin
suol de su cuerpo...
¡y me güelin, me güelin a ella
ca ves que las güelo!...
Gabriel y Galán
19 de enero de 2008
Canción del neurasténico
La sabia naturaleza
me dio un cerebro tan malo,
que yo sospecho, en verdad,
que hizo la compra en el Rastro.
Es un órgano irritable,
caprichoso y casquivano,
con extrañas fantasías
y vapores y arrebatos.
Tiene caras diferentes,
como el antiguo dios Jano:
tan pronto crepuscular,
débil, triste y aplanado
como eufórico y alegre,
optimista y arbitrario.
Los médicos me preguntan
pueriles detalles vanos,
y yo les contesto en broma,
porque ya me van cargando.
Después quieren definirme
con nombres estrafalarios
-supongo que es por lucirse
o para pasar el rato.
Que uno se cure o se muera
no es problema de cuidado,
la cuestión es aclarar
si mi interesante caso
se halla en el primer capítulo
o contenido en el cuarto
de un libro de medicina
de un autor inglés o galo.
Esto a mí se me figura
que es buscar tres pies al gato,
y yo, como buen felino,
estoy un poco escaldado.
Ahora que mi enfermedad
no me produce quebranto,
la considero con sorna,
pues ya no me causa enfado,
y cuando me siento joven,
y cuando me siento anciano,
cuando charlo en jovencito
o pienso en octogenario,
cuando temo los augurios
y me ocasionan espanto,
cuando creo en los espíritus
o soy incrédulo nato,
me divierto con las sombras
que me va dando el gastado
cerebro que llevo dentro,
que es un género de saldo,
procedente de algún otro
que lo estropeó al usarlo.
Pío Baroja
me dio un cerebro tan malo,
que yo sospecho, en verdad,
que hizo la compra en el Rastro.
Es un órgano irritable,
caprichoso y casquivano,
con extrañas fantasías
y vapores y arrebatos.
Tiene caras diferentes,
como el antiguo dios Jano:
tan pronto crepuscular,
débil, triste y aplanado
como eufórico y alegre,
optimista y arbitrario.
Los médicos me preguntan
pueriles detalles vanos,
y yo les contesto en broma,
porque ya me van cargando.
Después quieren definirme
con nombres estrafalarios
-supongo que es por lucirse
o para pasar el rato.
Que uno se cure o se muera
no es problema de cuidado,
la cuestión es aclarar
si mi interesante caso
se halla en el primer capítulo
o contenido en el cuarto
de un libro de medicina
de un autor inglés o galo.
Esto a mí se me figura
que es buscar tres pies al gato,
y yo, como buen felino,
estoy un poco escaldado.
Ahora que mi enfermedad
no me produce quebranto,
la considero con sorna,
pues ya no me causa enfado,
y cuando me siento joven,
y cuando me siento anciano,
cuando charlo en jovencito
o pienso en octogenario,
cuando temo los augurios
y me ocasionan espanto,
cuando creo en los espíritus
o soy incrédulo nato,
me divierto con las sombras
que me va dando el gastado
cerebro que llevo dentro,
que es un género de saldo,
procedente de algún otro
que lo estropeó al usarlo.
Pío Baroja
Canción de los artríticos
CANCIÓN DE LOS ARTRÍTICOS
Somos la flor y nata
de los artríticos,
somos la quinta esencia
de los nefríticos;
tenemos casi siempre
hipertensión
y una vaga hipertrofia
del corazón.
Nuestra elegancia es cosa
bien manifiesta,
nuestra presencia nunca
es muy molesta.
Somos unos Petronios
de alta tensión,
más fervientes del plato
que de Platón.
No pueden compararse
con los artríticos
los gafos ulcerosos
o sifilíticos.
Somos productos natos
de selección,
que marchan por la vida
con distinción.
Nos lleva suavemente
nuestro organismo
a la gota, a la artritis
y al reumatismo,
y nos mete, por último,
de un empujón,
en el coma, que es signo
de conclusión.
Somos la flor y nata
de los artríticos,
somos la quinta esencia
de los nefríticos;
tenemos casi siempre
hipertensión
y una vaga hipertrofia
del corazón.
Pío Baroja y Nessi. (1872-1956)
Somos la flor y nata
de los artríticos,
somos la quinta esencia
de los nefríticos;
tenemos casi siempre
hipertensión
y una vaga hipertrofia
del corazón.
Nuestra elegancia es cosa
bien manifiesta,
nuestra presencia nunca
es muy molesta.
Somos unos Petronios
de alta tensión,
más fervientes del plato
que de Platón.
No pueden compararse
con los artríticos
los gafos ulcerosos
o sifilíticos.
Somos productos natos
de selección,
que marchan por la vida
con distinción.
Nos lleva suavemente
nuestro organismo
a la gota, a la artritis
y al reumatismo,
y nos mete, por último,
de un empujón,
en el coma, que es signo
de conclusión.
Somos la flor y nata
de los artríticos,
somos la quinta esencia
de los nefríticos;
tenemos casi siempre
hipertensión
y una vaga hipertrofia
del corazón.
Pío Baroja y Nessi. (1872-1956)
Etiquetas:
Satíricas,
The commonplace book of Apeles
Un Papa del siglo XV
Manchó con lla pasión de lo terreno
la santa albura del Pastor Divino
y fue el poder papal, bajo su sino,
más que canto de amor, fúnebre treno.
La Sacra Forma en impureza y cieno
arrojó por sus manos el destino,
y de la Cristiandad purpúreo vino,
sangre del Hijo, convirtió en veneno.
Para Cristo su nombre fue una injuria;
para la Humanidad, firme peñasco
en que estrelló su queja atribulada.
Y si en paz héroe fue de la lujuria,
en guerra transformo la tiara en casco
y el báculo blandió como una espada.
Enrique de Mesa (1878-1929)
la santa albura del Pastor Divino
y fue el poder papal, bajo su sino,
más que canto de amor, fúnebre treno.
La Sacra Forma en impureza y cieno
arrojó por sus manos el destino,
y de la Cristiandad purpúreo vino,
sangre del Hijo, convirtió en veneno.
Para Cristo su nombre fue una injuria;
para la Humanidad, firme peñasco
en que estrelló su queja atribulada.
Y si en paz héroe fue de la lujuria,
en guerra transformo la tiara en casco
y el báculo blandió como una espada.
Enrique de Mesa (1878-1929)
Un hidalgo
Ufano de su talle y su persona,
con la altivez de un rey en el semblante,
aunque rotas quizás, viste arrogante
sus calzas, su ropilla y su valona.
Cuida más que su hacienda su tizona,
sueña con empresas que olvida en un instante.
Reza con devoción, peca bastante
y en lugar de callarlo lo pregona.
Intentó por su dama una quimera
y le mataron sin soltar la espada.
Sólo quiso al morir que se le hiciera,
si algo quedó en su bolsa malgastada,
una tumba de rey, donde dijera:
“Nació para ser mucho… y no fue nada”
(Enrique López Alarcón)
con la altivez de un rey en el semblante,
aunque rotas quizás, viste arrogante
sus calzas, su ropilla y su valona.
Cuida más que su hacienda su tizona,
sueña con empresas que olvida en un instante.
Reza con devoción, peca bastante
y en lugar de callarlo lo pregona.
Intentó por su dama una quimera
y le mataron sin soltar la espada.
Sólo quiso al morir que se le hiciera,
si algo quedó en su bolsa malgastada,
una tumba de rey, donde dijera:
“Nació para ser mucho… y no fue nada”
(Enrique López Alarcón)
Al Todopoderoso
¿En dónde estás, Señor, que tu presencia
no se muestra a la faz del descreído
que, sin temor a Ti, cual forajido,
despoja, viola y mata sin conciencia?...
¿Dónde están tu justicia y providencia
que no amparan al pobre, al oprimido,
y del rey, del magnate y del valido
consientes la feroz concupiscencia?...
¿No somos, ante Ti, todos hermanos?
Si lo somos, ¿por qué no ser iguales,
En la vida lo mismo que en la muerte?...
¡Mientras existan siervos y tiranos
y en la Tierra consientas tantos males,
no acabaré, Señor, de comprenderte!...
no se muestra a la faz del descreído
que, sin temor a Ti, cual forajido,
despoja, viola y mata sin conciencia?...
¿Dónde están tu justicia y providencia
que no amparan al pobre, al oprimido,
y del rey, del magnate y del valido
consientes la feroz concupiscencia?...
¿No somos, ante Ti, todos hermanos?
Si lo somos, ¿por qué no ser iguales,
En la vida lo mismo que en la muerte?...
¡Mientras existan siervos y tiranos
y en la Tierra consientas tantos males,
no acabaré, Señor, de comprenderte!...
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Religiosa,
The commonplace book of Apeles
Soy español
Luzco del mundo en la gentil pavana,
sobre el recio tahalí de mi tizona,
una cruz escarlata, que pregona
mi abolengo de estirpe castellana.
Llevo a los hombros ferreruelo grana
guío el mostacho a la usanza borgoñona
y mi blanca gorguera se almidona
bajo mi crespa cabellera grana.
Tengo cien lanzas combatiendo en Flandes,
mil siervos en las faldas de los Andes,
calderas y pendón, horca y chuchillo,
un condado en la tierra montañesa,
un fraile, confesor de la condesa,
cien lebreles, diez pajes y un castillo.
Enrique López Alarcón nació en Málaga ( 1891 )
sobre el recio tahalí de mi tizona,
una cruz escarlata, que pregona
mi abolengo de estirpe castellana.
Llevo a los hombros ferreruelo grana
guío el mostacho a la usanza borgoñona
y mi blanca gorguera se almidona
bajo mi crespa cabellera grana.
Tengo cien lanzas combatiendo en Flandes,
mil siervos en las faldas de los Andes,
calderas y pendón, horca y chuchillo,
un condado en la tierra montañesa,
un fraile, confesor de la condesa,
cien lebreles, diez pajes y un castillo.
Enrique López Alarcón nació en Málaga ( 1891 )
Hospital de leprosos
Hospital de San Juan de Dios, triste edificio,
que albergas en tus muros la carne corrompida,
yo he sentido mi cuerpo tatuado en el suplicio
de tus curas crueles en nombre de la vida.
Como un sudario negro la tragedia en ti flota,
y rechinan los males lo mismo que cerrojos;
umbral de fosa llena de vidas en derrota,
en donde a los gusanos se anticipan los piojo
Las pétreas hermanitas, salmodiando oraciones,
en silencio atraviesan los largos pabellones
y con una sonrisa de cansancio o de unción
consuelan al enfermo resignado, que siente
el fuego de la Vida en la carne doliente
y el frío de Muerte dentro del corazón.
BUSCARINI, ARMANDO
Madrid, 1.892 - 1.965
que albergas en tus muros la carne corrompida,
yo he sentido mi cuerpo tatuado en el suplicio
de tus curas crueles en nombre de la vida.
Como un sudario negro la tragedia en ti flota,
y rechinan los males lo mismo que cerrojos;
umbral de fosa llena de vidas en derrota,
en donde a los gusanos se anticipan los piojo
Las pétreas hermanitas, salmodiando oraciones,
en silencio atraviesan los largos pabellones
y con una sonrisa de cansancio o de unción
consuelan al enfermo resignado, que siente
el fuego de la Vida en la carne doliente
y el frío de Muerte dentro del corazón.
BUSCARINI, ARMANDO
Madrid, 1.892 - 1.965
18 de enero de 2008
El árabe y el camello
El potente camello
perdió en la esclavitud su bizarría;
el árabe, su dueño, especulando
en su docilidad, le tiraniza
y carga atroz le impone
cuando ve que le dobla la rodilla.
¡Desdichados los pueblos
que su bravura y dignidad abdican!
Cuanto más se prosternan
y al despotismo su cerviz humillan,
mayores cargas sufren,
más crueles tiranías.
Felipe Jacinto Sala
perdió en la esclavitud su bizarría;
el árabe, su dueño, especulando
en su docilidad, le tiraniza
y carga atroz le impone
cuando ve que le dobla la rodilla.
¡Desdichados los pueblos
que su bravura y dignidad abdican!
Cuanto más se prosternan
y al despotismo su cerviz humillan,
mayores cargas sufren,
más crueles tiranías.
Felipe Jacinto Sala
11 de enero de 2008
Amor constante más allá de la muerte
Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;
mas no, de esotra parte en la ribera,
dejará la memoria en donde ardía:
nadar sabe mi llama l'agua fría
y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido
su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, más tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.
Francisco de Quevedo
sombra que me llevare el blanco día
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;
mas no, de esotra parte en la ribera,
dejará la memoria en donde ardía:
nadar sabe mi llama l'agua fría
y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido
su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, más tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.
Francisco de Quevedo
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