29 de julio de 2008

Más satíricas

Al general Pavía

Tuvo un dia una idea, y todavía
asombrado, recuarda su proeza,
pues gracias al vapor de la cerveza
fue Cromwell en España todo un día.

¿Qué fin trascendental se proponía?
Él mismo no lo supo con certeza;
se jugó aquella noche la cabeza,
creyéndose, quizás, que la tenía


Doña Tecla, la de Yecla,
es tecla muy singular.
¿Para qué sirve una tecla
que no se deja tocar?
(Bretón de los Herreros)


La niña que a dos encela
no es tonta, que es atrevida.
Si se le apaga una vela,
otra le queda encendida.


Un pájaro se murió
en el patio de un convento,
y las monjitas lloraron
con el pajarito dentro.

Pregunté a un niño: -¿Café
es género masculino?
Y el niño, de buena fe,
contestó: -No, ultramarino


Cuando a las bellas amoroso miro,
sus pesares disipo y sus enojos,
y en su rubor conozco, y en sus ojos
la violenta pasión que les inspiro.

Cuando alguna sonrisa, algún suspiro
tímido exhalan de sus labios rojos,
claro me están poniendo sus sonrojos
que soy el blanco de tan dulce tiro.

No hay belleza que mire impunemente
mi semblante perfecto y talle airoso;
todas humillan su orgullosa frente

rindiéndose a mi encanto poderoso.
Pues ni en la edad pasada ni presente
ha habido un hombre como yo, de hermoso.
(Afán de Rivera)

He visto mujeres vanas,
manirrotas, miserables,
celosas, inaguantables,
pedigüeñas y holgazanas.
Soberbias, que a todas horas
arman la de Dios es Cristo;
hembras frágiles he visto,
cotillas murmuradoras,
solteras de Belcebú,
casadas con Lucifer...
¡Pero nunca a una mujer
que hable tano como tú

(Rafael Castellanos)

Sedujo Luis a Pascuala,
la esposa de un general,
y éste le metió una bala
junto a la espina dorsal,
que siempre ha salido mal
un toque de generala

(Martínez de la Rosa)

Un joven naturalista
pidió la mano de Inés.
La madre, que era muy lista,
preguntó con interés:
¿Sus padres tienen auríferos?
¿De qué familia es usted?
Y él dijo con mucha fe:
Señora, de los mamíferos
(Martínez de la Rosa)

Mas, al festivo ingenio deba sólo
el sutil epigrama su agudeza.
Un leve pensamiento, una voz, un suspiro le bastan
para lucir su gracia y su viveza.
Y cual rápida abeja, vuela, hiere,
clava el fino aguijón, y al punto muere.
(Martínez de la Rosa)

Delante de personas de copete
no te rasques la zona del paquete.

El puente tiene tres ojos,
yo tengo dos solamente,
pero si cuento el del culo,
tengo los mismos que el puente.

Los dedos de las manos,
los dedos de los pies,
la polla y los cojones,
suman veintitrés.


Señor conde, dígame:
¿De qué sirve, señor conde,
el que yo tenga por dónde
si usted no tiene con qué?
(Juan Valera)

Si en el sexto no hay perdón
ni en el noveno rebaja,
ya puede el Señor llenar el Paraíso de paja.

A los pies de un devoto franciscano
acudió un penitente. Diga, hermano:
¿Qué oficio tiene? Padre, sombrerero.
¿Y qué estado? Soltero
Y ¿cuál es su pecado dominante?
Visitar a una moza. ¿Con qué frecuencia?
Padre mío, bastante.
¿Cada mes? Mucho más ¿Cada semana?
Aún más todavía más. ¿La cotidiana?
Hago dos mil propósitos sinceros...
Pero dígame, hermano claramente.
¿Dos veces cada día? Justamente
Y ¿cuándo coño hace los sombreros?
(Samaniego)

Al cura de Villarejo
de Salvanés.
le llegan los cojones
hasta los pies.

A Serraño Súñer

Este siniestro adolescente cano
que de cuñado cínico blasona,
a un memo con fajín dio una corona
para moverla con oculta mano.

En la Guerra civil no expuso nada;
al Gobierno llegó por matrimonio,
explotó su amistad con José-Antonio,
y lo canjeó, cobarde, una embajada.

Enfermo del estómago aún delira,
pues cubrir su cedismo es vil patraña.
Todos le adulan, pero a nadie engaña,
cuando levanta el brazo con mentira,
con su camisa azul que odio le inspira
su débil brazo castrador de España.
(Foxá)

Tú, que naciste en las porteñas hampas
y del amor conoces los oficios,
oh, vieja zorra de las anchas pampas
que enamoras marqueses pontificios.

Tú, que cantas esos tangos con ojeras
repletos de memeces argentinas,
y hablando con duquesas tortilleras
confundes las Meninas con mininas.

Los prognatas toreros que complicas
por ti se tornan en babosos toros.
Vas al flamenco con señoras ricas,

y estrenas obras con cretinos coros
escritas para ti por los maricas
que sueñan con los culos de los moros.
(Foxá)

Cuando paso por tu puerta,
tu madre me llama feo.
Si me lo vuelve a llamar,
saco la picha y la meo.

Eras ente en potencia, y ya el Destino,
crismando los testículos paternos,
puso una inmensa sucesión de cuernos
en quien contigo hiciera su camino.

No sabías leer, y de continuo
a tu clítoris iban sempiternos,
todos los dedos, los primeros yernos
que dio a tu madre tu caliente sino.

Llamarte fresca pobre sonaría;
llamarte zorra, no daría tu talla
pues por puta te tienen las personas.

Y llamarte putísima sería
como llamarle cerro al Himalaya,
como llamarle arroyo al Amazonas.

(Pérez Creus)

A Manolito el pollero

Aquí donde usted me ve
soy Manolito el pollero,
el único vate que
de la pluma hace dinero.

A María Antonia Ibarra

Mujer, ¿por qué no descubres
que el verso no es tu camino?
Si apaluden tu destino
es porque tiene dos ubres
como la copa de un pino.
(Pérez Creus)

A Manuel Benítez Carrasco
Es un poeta folclórico
que no se lo salta un galgo.
Sabe manejar el tópico,
y dice Laín Entralgo
que es bastante maricónico.
(Pérez Creus)

Buero Vallejo es auto
de una comedia cimera,
"Historia de una escalera"
que le sirvió de ascensor.

A Salvador Pérez Valiente
Fue con los rojos teniente
y con los fachas alférez.
Con los primeros fue Pérez,
con los segundos, Valiente.

Cuando con los otros niños
en Belén jugabas Tú,
¿sabías ó no sabías
que eras el Niño Jesús

Al pasar junto a la charca
el niño me preguntaba:
¿Qué son las ranas?
Pues mira niños las ranas...
¿Y por qué cantan?
Pies mira niño las ranas...
¿Y por ué saltan?
Pues mira niño, las ranas...
¿Y por qué nadan?
¡Y no yuve más remedio
que tirar al niño al agua!

Si el hombre quiero imperfecto,
la perfección alcanzar,
el buen camino es el recto
¡y por él debe tomar!
(Manuel Verdugo)

A Nicolás González Ruiz
Aqí yace William Shakespeare
en otro tiempo inmortal,
Murió de una traducción

A Juan de Garay
Para fundar Santa Fe
Juan de Garay se embarcó.
Llegó, la fundó y se fue.
¡La madre que lo parió!

La madre quería casarla,
la niña quería un marqués,
el marqués quería dinero...
y están contentos los tres
del cabrón de nicolás

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