4 de noviembre de 2007

El pecar se prefiere a la virtud

Si gobernar provincias y legiones

ambicioso pretendes, ¡oh Licinio!,

procura que el favor y el desatino

aseguren de infames tus acciones.



No merezca ninguno las prisiones

mejor que tú, pues cuanto más vecino

al suplicio te vieres, el destino

más te apresurará las elecciones.



Felices son, y ricos, los pecados:

ellos dan los palacios suntuosos,

llueven el oro, adquieren los estados.



Alábanse los hombres virtuosos,

más para los que viven alabados

quien los alaba elige los viciosos.



Francisco de Quevedo

Memoria inmortal de D. Pedro Girón, duque de Osuna.

Faltar pudo su patria al grande Osuna,

pero no a su defensa sus hazañas;

diéronle muerte y cárcel las Españas,

de quien él hizo esclava la fortuna.



Lloraron sus envidias una a una

con las propias naciones las extrañas;

su tumba son de Flandes las campañas

y su epitafio la sangrienta luna.



En sus exequias encendió al Vesubio

Parténope, y Tinacria al Mongibelo;

el llanto militar creció en diluvio,



diole el mejor lugar Marte en su cielo;

la Mosa, el Rin, el Tajo y el Danubio

murmuran con dolor su desconsuelo.



Francisco de Quevedo

A los despojos del rayo

Viste de ejemplo el tronco y de fiereza

este que ves Centímano arrogante;

aun muerto, dura en el feroz semblante

el ánimo que opuso a tanta alteza.



Parias en humildad da a la grandeza

del siempre vencedor Altitonante,

y así el árbol, humilde, el arrogante

rostro humilla, humillando su cabeza.



Señales mira en él del rayo ardiente

de Júpiter; respeta los despojos,

¡oh tú!, que admiras triste esta memoria.



Frescas aún viven en la altiva frente:

toma en ella consejo, abre los ojos

y vete, que harto debes a su historia.



Luis Carrillo

Pago que da el mundo a los poetas

Dícese de Quevedo que fue claro

y que en algunas coplas está obsceno;

Góngora puede ser que fuese bueno,

pero ya sus comentos le hacen raro.



El Calderón, que nos lo venden caro,

sólo de lo amatorio fue muy lleno

y nos dejó en lo cómico un veneno

que nos hemos bebido sin reparo.



La idea de Juan Pérez fue abatida,

de Solís intrincada. ¡Infeliz suerte,

oh ciencia pobre, facultad perdida!



¡Mundo borracho, que al varón más fuerte

después de ajarlo miserable en vida

predicas estas honras en su muerte!



Torres Villarroel

Aplauso a Dorisa

Bendita sea la hora, el año, el día

y la ocasión y el venturoso instante

en que rendí mi corazón amante

a aquellos ojos donde Febo ardía.



Bendito el esperar y la porfía

y el alto empeño de mi fe constante

y las saetas y arco fulminante

con que abrasó Cupido el alma mía.



Bendita la aflicción que he tolerado

en las cadenas de mi dulce dueño

y los suspiros, llantos y esquiveces,



los versos que a su gloria he consagrado

y han de vencer del duro tiempo el ceño,

y ella bendita innumerables veces.



Nicolás Fernández de Moratín. (Es imitación del Petrarca, Canz., 67)

A la primavera, después de la muerte de Filis

No basta que en su cueva se encadene

el uno y otro proceloso viento,

ni que Neptuno mande a su elemento

con el tridente azul que se serene,



ni que Amaltea el fértil campo llene

de fruta y flor, ni que con nuevo aliento

al eco den las aves dulce acento,

ni que el arroyo desatado suene.



En vano anuncias, verde Primavera,

tu vuelta, de los hombres deseada,

triunfante del invierno triste y frío.



Muerta Filis, el orbe nada espera

sino niebla espantosa, noche helada,

sombras y sustos como el pecho mío.



José de Cadalso

Los hoyuelos de Lesbia

Cruzaba el hijo de la cipria diosa

solo y sin venda la floresta umbría

cuando, al pie de un rosal, vio que dormía

al blando son del mar mi Lesbia hermosa;



y al ver pasmado que su faz graciosa

los reflejos del alba repetía,

tanto se deslumbró que no sabía

si aquella era mejilla o era rosa.



Alargó el dedo el niño entre las flores

y en ambos lados le aplicó a la bella,

formando dos hoyuelos seductores.



¡Ay, que al verla reír, la dulce huella

del dedo del amor mata de amores!

¡Feliz el que su boca estampe en ella!



Juan Nicasio Gallego

Fin del impío

"Esta hora es de tu vida la postrera",

gritó una voz en sueños al impío;

empapado despierta en sudor frío,

erizada de horror la cabellera.



"¡No más un hora!", exclama, y la altanera

vista humilla con ciego desvarío;

¿Cómo alzarla podrá quien con desvío

a la virtud miró que en lo alto impera?



Oye cómo del tiempo van huyendo

las lejanas pisadas. Sordo al lloro

de la piedad, vacila y se confunde;



tiembla, suspira... y con dolor volviendo

la memoria al placer, la vista al oro,

toca a su fin y en el abismo se hunde.



José Joaquín de Pesado

Mi destino

Campo estéril, mortífera laguna

me vio nacer, y la yermada arena

présago iluminaba de mi pena

fúnebre rayo de sangrienta luna.



Trueno de muerte me arrulló en la cuna

cuando Castilla, al sacudir la ajena,

forjaba ya la bárbara cadena

que dio al Corso tirano la fortuna.



Mi primer tierno involuntario llanto

unióse al llanto de la patria mía

y mis ojos lloraron su quebranto.



De entonces miran en la luz del día

lúgubre antorcha de dolor y espanto;

y amo a mi patria, y lloro su agonía.



Mariano Roca de Togores

A España

Roto el respeto, la obediencia rota,

de Dios y de la ley perdido el freno,

vas marchando entre lágrimas y cieno

y aire de tempestad tu rostro azota.



Ni causa oculta ni razón remota

busques al mal que te devora el seno:

tu iniquidad, como sutil veneno,

las fuerzas de tus músculos agota.



No esperes en revuelta sacudida

alcanzar el remedio por tu mano,

¡oh sociedad rebelde y corrompida!



Perseguirás la libertad en vano:

que cuando un pueblo la virtud olvida

lleva en sus propios vicios su tirano.



(Gaspar Núñez de Arce)